El Sena se desborda

Desde hace unos días, parisinos y turistas pasan largo rato asomados a los puentes del Sena, viendo como el nivel del río crece y crece, amenazando con inundar los edificios que bordean el cauce.

Entre ellos, destacan, dentro de París, dos grandes museos, el Louvre y Orsay. ¿Es posible que el agua pueda entrar dentro de los museos y estropear alguna de las obras expuestas?

 Crecida del Sena Foto: Le Monde


Crecida del Sena
Foto: Le Monde

Entre 1998 y 1999, estuve a cargo del depósito arqueológico Four Palissy, bajo la dirección de la conservadora jefe Géneviève Bresc.  Este depósito está situado en los subterráneos por debajo de los jardines del Carrousel, los jardines que unen el arco del Carrousel del Louvre con los jardines de las Tullerías. Estos jardines fueron excavados en los años 80 y 90, dentro de la gran operación de ampliación del Louvre, que incluyó también la excavación de la Cour Carrée, debajo de la cual se puede ver hoy el Louvre medieval; la Cour Napoléon, que permitió habilitar el espacio debajo de la pirámide; y los jardines de la Tullerías.

El depósito se llama Four Palissy porque allí está uno de los hornos (four en francés) de Bernard Palissy, famoso ceramista del siglo XVI. En torno al horno, decidieron depositarse todos los objetos localizados durante las excavaciones, más de ochenta mil, entre los que hay desde objetos de cerámica (desde escudillas medievales a orinales de los tiempos de Maria Antonieta) a fragmentos de útiles de metal, pedazos de telas o cientos de huesos provenientes de hornos y letrinas. Al menos doscientos de estos objetos se exhiben en el área del Louvre medieval.

Mi labor, terminada en 1999, fue el inventario y adecuación general del depósito. Cientos de cajas de plástico, alineadas sobre estantes de metal, conteniendo esos ochenta mil objetos.

En una visita a la conservadora Bresc, hacia 2008, le pedí echar un vistazo al depósito, con el afán de ver cómo seguía una decada después de mi paso por allí. Pero el depósito ya no estaba allí. ¿Por qué?, pregunté. Con lo que nos costó ordenarlo. Protección Civil de París, me explicó madame Bresc, nos aconsejó situarlo  en otro almacén del museo (fuera de París), pues en caso de crecida del Sena, el Four Palissy se inunda.

Me pareció una medida exagerada. Hoy me doy cuenta  que no lo fue. En realidad, ni el museo del Louvre, ni el de Orsay han sido pillados por sorpresa a la hora de tener que enfrentar el desbordamiento del río. Están preparados para ello. Ese tipo de medidas de prevención, tan europeas, que nos suelen parecer algo desmedidas a los demás, pero que un día funcionan.

En estos días se recuerda otra crecida famosa del Sena, la de 1910. En aquella ocasión, las orillas fueron claramente inundadas. Hay una película de dibujos animados muy hermosa, El monstruo de París, que aprovecha, de forma algo exagerada, este hecho para contar su historia.

Pero a lo largo de su existencia, el Sena ha crecido de forma notable numerosas veces, cubriendo espacios ocupados por los seres humanos durante un periodo de tiempo en el que el río se había mantenido en paz. En este sentido, cuando intervine en las excavaciones del jardín de las Tullerías, en 1994, descubrimos un nivel de ocupación neolítico por debajo de los cimientos del desaparecido palacio de las Tullerías. ¿Qué hacía allí abajo? En algún momento del 3000 o 4000 a. de C., un grupo de seres humanos se instalaron en ese punto de la orilla del Sena. Vivieron cierto tiempo, hasta que el río se desbordó y el azolve que trajo la inundación cubrió el espacio del sitio neolítico. Nuevas personas llegaron a aquel lugar y se colocaron sobre el nivel recubierto de tierra. Y el río se volvía desbordar. Y volvió a cubrirlo todo y hubo nuevos niveles de ocupación y así varias veces, hasta que en el siglo XVI, Catalina de Medicis encargó la construcción del palacio de Tullerías, excavó sus cimientos sin saber que estaba agujereando las sucesivas crecidas del río y sin darse cuenta que aún por debajo quedaban los restos de los que habían ocupado el valle del Sena cinco milenios antes de ella.

Ahora sólo falta esperar que será lo que nos esconda esta vez el nuevo desborde del Sena.

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