Matrimonio y arquitectura (cuando no funciona)

por Joaquín Cobarro

Si el debate entre tiempo y arquitectura ha de centrarse en un espacio urbano tan determinante como una plaza, hay que entender las plazas como una intersección, como una confluencia de la diversidad. Siempre ha sido así, en mayor o menor grado. Tanto en París como en cualquier ciudad que se enorgullezca de saber apreciar la cultura, esa se desarrolla en las plazas que son artífices de la comunicación y herederas del ágora griego. La condición de espacio público está implícita en su definición y París no es la excepción. En 1967, Pierre Cabanne en su artículo “Pourquoi Paris n’est plus le fer de lance de l’art” mencionó que París se había quedado dormida no en espera de su príncipe azul sino de “una buena patada en el culo”. París fue muchas cosas y lo seguirá siendo, pero en los tiempos en que se construyó el Pompidou necesitaba, con toda seguridad epatar y eso consiguió, vaya si lo consiguió una vez más.

 "Rouxel et Dubois" de Ferdinand Lunel (1896)


“Rouxel et Dubois”
de Ferdinand Lunel (1896)

Las vanguardias se creyeron en la obligación de tenerlo que inventar todo, en eso estamos de acuerdo, pero las vanguardias avanzaban en tándem y esa dualidad la formaban junto a la modernidad, como en el cartel de Ferdinand Lunel. Eran las vanguardias que iban al frente con ese soplo de aire fresco, pero la modernidad era capaz de mirar atrás y progresar de forma quizá más eficaz.

La arquitectura del Pompidou fue atrevida, sin duda, fue dar la vuelta a esa cara oculta que muchas veces se esconde, pero no fue insensata. La insensatez refleja la falta de sentido o razón y para construir este edificio había muchas y diversas razones. No podemos basar la arquitectura en la idea conservadora de un matrimonio y, además, prever como será nuestra pareja dentro de cuarenta años; deberíamos aventurarnos en ese viaje que responde a la vitalidad de una aventura compartida y luego, eso sí, evolucionar juntos enriqueciéndonos de forma mutua. La visión maquinista de Le Corbusier correspondía a muchos conceptos, pero en ningún caso, se debe aceptar en el aspecto externo del Pompidou y sus instalaciones. Funcionalmente la creación de algunos espacios interiores, probablemente, justifican muchas frivolidades constructivas que también cumplieron, en su momento, con su cometido.

 De las cartas de Le Corbusier


De las cartas de Le Corbusier

Yo también dejaría morir el Pompidou, pero más que esperando su demolición, lo haría en una visión más romántica que me acercara a la atracción del abismo que hay entre lo que “debería ser” y lo que “queremos ver”. La obra de arte total de Bruno Taut, no se puede identificar en el Pompidou, pero si dejamos fluir convicciones y viejas creencias, la alteración que supone su dificultad de mantenimiento o la gestión constructiva, puede verse suplida por la idealización de los objetivos que se consiguieron en nuestro querido París, aquí, una vez más, la contextualización es obligatoria.

Fue Sáez de Oíza el que una vez se pronunció en contra de algún arqueólogo sin sombrero, haciendo ver que los etruscos crecieron sobre los griegos y los romanos sobre todos ellos. Nosotros debemos conservar, es obvio, pero también debemos transgredir porque el soplo de aire fresco lo debemos recibir para ser más receptivos a la evolución y la diversidad.

4 pensamientos en “Matrimonio y arquitectura (cuando no funciona)

  1. Excelente artículo. Considero que todos deberíamos investigar mucho sobre nuestra historia. Hay una frace célebre que dice “el hombre que no sabe su historia, esta condenado a repetirla”.

    • Gracias por tu comentario, Jonathan, creo que esta frase es muy apropiada y encierra un fondo de interrogación propia, que es loable en todos los aspectos.

  2. miércoles 15 julio/ RAB/Creo que la patada en el culo recomendada por el articulista debería ser universalmente distribuida a todos los integrantes de la fauna humana, sin discriminación alguna de sexo, género, raza, etnia, tribu, nación, Estado, ONGs, municipio, profesión, grado de erudición o ignorancia, religión, creencia, agnosticismo, riqueza, pobreza, alcurnia, plebe, jerarquía, aristocracia, chusma, beaterío, ateísmo, diversidad de matices delicuenciales, gobernantes, gobernados, escritores, no escritores, abstemios, borrachos, castos, arrechos, y muchísimas otras variedades de yerbas.

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