El premio que usted no ganó

por Pablo Díaz Donoso

El anuncio se producía, como todos los años, a principios del mes de marzo.

Esperado con gran impaciencia por intelectuales, profesionales y aficionados a la arquitectura, el fallo de la fundación Hyatt anunciaba un nuevo Pritzker.

El de este año fue más sorprendente que el de otros. El estudio catalán RCR Arquitectes, fundado en 1988 por Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Villalta se había hecho, contra todo pronóstico, con el que erróneamente algunos llaman el premio nobel de la arquitectura.


Imagen: Les Cols Restaurant

El fallo del jurado pronto corrió como la pólvora por periódicos, blogs de arquitectura y redes sociales.

Los galardonados, a diferencia de otros años, no estaban en las quinielas, por lo que algunos rezagados tardaron en ubicar su obra. Y pronto, la noticia saltó, desde los primeros medios especializados que se habían hecho eco de ella, a los generalistas.

En éstos, se cubrió de manera menos precisa, como es habitual, y más sensacionalista.

Un primer titular reseñaba que era la segunda vez en la historia que arquitectos españoles ganaban el premio, tras Rafael Moneo en 1996.

Pero fue el diario conservador ABC, en su portada en papel del día siguiente, el que nos dejó quizá el titular más jugoso:

“España conquista su segundo nobel de arquitectura”.

La capacidad de los medios de comunicación para empaquetar a millones de personas bajo una única personalidad común según el interés de cada momento es, cuanto menos, asombrosa.

Si hace unos días leíamos que Andalucía era la región más corrupta de España, y Madrid la que destacaba con menores impuestos, noticias donde los límites de las regiones debían ser fuertemente destacados, hoy, en cambio, para el ABC, la información sobre premio Pritzker no merece ser ubicada a nivel de región, sino de país: el premio ha recaído en España, o mejor dicho, ha recaído en todos los españoles.

En cambio, los diarios de Cataluña hacían suyo, que no del resto de españoles,  el premio, y en sus portadas se congratulaban de que era la primera vez en la historia que un estudio catalán lograba tal galardón.

Pero, ¿por qué esa facilidad para erigirse en portavoz de millones de personas, catalanas o españolas?

¿Qué le lleva a estos medios a pensar que todo un colectivo formado por millones de personas se sienten ganadores de tal premio?

¿Qué pasa si existen catalanes o españoles que no se sienten felices por el destinatario del premio, pues ellos preferían que lo ganase un estudio, por ejemplo, sueco?

¿Estamos obligados los españoles, o los catalanes, a sentirnos identificados con los ganadores?

¿Y si mañana Cataluña, como muchos pretenden, se independiza de España, a qué colectivo pasará a pertenecer el premio?

La realidad es que el premio ha recaído sobre un grupo de personas concretas, que han conformado un excelente equipo de trabajo, y que prestan sus servicios desde su estudio situado en la localidad de Olot.

Puestos a establecer nexos comunes entre grupos de individuos, posiblemente el modo de vida en Olot tenga más que ver, por cercanía, con el de los habitantes del sur de Francia que con el de la árida tierra de Barros extremeña, donde compartimos más cosas con nuestros vecinos del Alentejo portugués.

Y, créanme, las habilidades innatas que han llevado a este extraordinario equipo de arquitectos a ganar tan prestigioso premio, no están en usted. Al menos no lo están por el hecho de haber nacido en el mismo país.

Frecuentemente se agita la bandera del nacionalismo aprovechando hitos deportivos, logros culturales o premios diversos, y lanzando titulares que invitan al lector a sentirse partícipe de dichos logros únicamente por compartir país de nacimiento con los galardonados.

Y así, desde la infancia va calando en nosotros un sentimiento de pertenencia a un colectivo heterogéneo y diverso, que llamamos nación, hasta el punto de considerar como nuestros, acontecimientos que afectan a otros individuos, solo por el hecho de compartir país de nacimiento.

Pero, ¿qué pasa si, como en mi caso, no me ha sino inoculado en la infancia con suficiente éxito ese sentimiento de pertenencia y uno no siente como suyos los logros de individuos con los que comparte país de nacimiento?

En el caso concreto de la arquitectura, reconozco admirar a algunos arquitectos nacidos en España, y a otros muchos nacidos en otros países. Los sentimientos que surgen de mi interior al contemplar una bella obra de arquitectura son, como es lógico, independientes de la nacionalidad de su autor o de su lugar geográfico.

En otros ámbitos, como el deportivo, tan dado a ritos y ceremonias relacionadas con la nacionalidad, tampoco es este parámetro el que desencadene sentimientos mejores o peores en mí hacia la personalidad en cuestión.

Así, he podido disfrutar enormemente viendo jugar a Zidane, incluso contra España y disfruté viendo a Roger Federer vencer a Rafael Nadal en el último open de Australia.

Volviendo a la noticia del diario ABC, tampoco sería preciso atribuir el premio de arquitectura a España, entendido ésta como el lugar donde se desarrolla un tipo de arquitectura concreta.

Hace unos días escuchaba hablar a algunos colegas de profesión sobre la arquitectura portuguesa como aquélla respetuosa con las tradiciones, apegada a los materiales del lugar, y serena y sosegada, sin grandes alardes técnicos.

Pero se trata de una abstracción demasiado vulgar.

Si usted repasa la obra de unos cuantos arquitectos españoles de renombre podrá comprobar cómo Oíza, Fisac, Coderch o Sota han aportado valiosísimos y heterogéneos saberes a las generaciones posteriores, que difícilmente podrán agruparse en características arquitectónicas que podamos considerar “nacionales”.

Quizá, a nivel regional o local, sí podamos hablar, en determinados lugares, de una arquitectura vernácula, pero ésta tiene siempre más que ver con las condiciones del lugar, la economía de construcción y el modo de vida de sus habitantes que con el saber en sí del diseño de edificaciones.

Por tanto, si me permiten un consejo: no miren demasiado de dónde o a quién pertenece una obra de arquitectura.

Simplemente disfruten de la arquitectura que más les guste. De la que les emocione.

Es el mejor premio que van a recibir de ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *