¿Realmente queremos proteger el patrimonio? (2 de 2)

Los objetos históricos tienen ese valor histórico si sabemos dárselo y, de nuevo, cualquier objeto del pasado puede tener valor histórico. ¿Por qué, entonces, se produce el pillaje de los sitios arqueológicos? Porque más allá del valor histórico, hay ciertos objetos apreciados por los coleccionistas que ponen precio a su adquisición, valor histórico al margen.

Hay un mercado de antigüedades donde esas antigüedades son apreciadas no sólo por su vejez, también por su belleza, su rareza, su excepcionalidad. Todos estos rasgos pueden ser muy subjetivos. ¿Cómo pelear contra un mercado de subjetividad? En realidad, la mayor parte de los objetos que adquirimos en el mercado lo hacemos con carácter subjetivo. Una prenda de buena calidad es igual a otra prenda de buena calidad, pero elegiremos la primera o la segunda o una tercera de peor calidad y más cara porque nos gusta. Las personas tenemos voluntad, nos gusta escoger, no hay un criterio único de elección.

 Máscara tradicional Dogón Foto: Ferdinand Reus


Máscara tradicional Dogón
Foto: Ferdinand Reus

¿Deberíamos pensar entonces que hemos de sacar de nuestros gustos el aprecio por las antigüedades (aquellos que tengan este gusto) para evitar los pillajes?

Entonces, deberíamos dejar de ser humanos.

No va a ver ninguna política educativa que impida que haya alguna vez alguna persona que quiera adquirir un objeto viejo que los demás sobrevaloren por ser supuestamente representativo del pasado de una sociedad o de una nación.

Dado que van a seguir existiendo compradores de antigüedades, cómo hacemos para evitar el saqueo. Mediante legislaciones restrictivas que impidan el mercado de esas antigüedades y así poner fin al saqueo. Desde que esas legislaciones existen, ¿se ha acabo el saqueo? Según el arqueólogo Julio Alberto Cotom, sólo en el área del Mirador, en el Petén guatemalteco, entre 2004 y 2015, se han producido 10140 depredaciones de sitios arqueológicos (es decir, dos saqueos y medio por día). Parece que la ley, pese a su existencia y rigor, no ha servido mucho para frenar el pillaje.

De nuevo, podemos tratar de condenar al saqueador, perseguir al comprador hasta el fin del mundo, reintegrar sus piezas a sus lugares originales. Pero eso es lo que hemos intentado hacer hasta ahora y no ha funcionado. O como decía esa sentencia falsamente atribuida a Einstein: locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. ¿Qué tal si cambiamos el procedimiento?

Si el mercado va a existir sí o sí, ¿por qué no regularlo? Pongamos por un momento que el mercado de antigüedades tuviera la misma libertad que el del vino. En el mundo del vino, uno de los valores más cotizados es la denominación de origen. Citábamos los vinos de Rioja y de Borgoña. Que el vino venga de una de estas dos regiones, ya hace subir su valor, sin haber analizado aún su calidad. Pero, además, en la etiqueta de las botellas se dan muchos más datos: el lugar específico de elaboración, el tipo de uva empleado, el tiempo en barrica.

¿Qué ocurriría si los objetos históricos puestos en el mercado llevaran ese tipo de etiqueta? Su valor económico aumentaría, porque no habría duda de su origen y datación, pero además el aporte histórico sería indudable (y su excepcionalidad, rareza y demás). Frente a las miles de piezas saqueadas cuyo origen se desconoce con lo que pierde la mayor parte de la información histórica, con el método de “etiquetado” toda esa información se conservaría.

Habrá quien diga que eso provocaría un aumento en el saqueo de los sitios arqueológicos. Aquí es donde propuestas como las de Sarah Parcak y su control satelital tendrían cierto interés. Puedo producir vino amparado por una denominación de origen, o puedo producir vino casero que falto de denominación venderé a la mitad de precio. Puedo vender objetos de un sitio arqueológico trabajado con los permisos correspondientes (“denominación de origen”) o puedo seguir saqueando (vino casero) y perder dinero, con el riesgo además de que me pillen a través de un satélite y, sobre todo, la posibilidad de no vender mi objeto porque en el mercado haya otros de mejor calidad.

No vamos a acabar con el mercado de antigüedades con medidas represivas, como no se puso fin al consumo del alcohol durante la prohibición en Estados Unidos, ni se está avanzando en la reducción del consumo de drogas en la actualidad.

Somos  conscientes de que crear un mercado legal y abierto tampoco va a suponer el fin del saqueo, pero sí podrá reducirlo de forma drástica y, sobre todo, evitará el principal riesgo del saqueo: la pérdida de información histórica.

Para aquellos que aleguen que permitir ese mercado libre haría que las identidades nacionales se pierdan, que las estelas mayas estarían todas fuera de Guatemala, que las máscaras dogones estarían todas fuera de Mali, que las coronas votivas visigodas estaría todas fuera de España, tampoco han de preocuparse mucho: el nacionalismo es una enfermedad peligrosa, muy peligrosa, pero con inteligencia, se cura.

3 pensamientos en “¿Realmente queremos proteger el patrimonio? (2 de 2)

  1. Me gusta el artículo y sobre todo la frase de “todo objeto producido por un ser humano es susceptible de contarnos la historia de ese ser humano”.
    Lo único en lo que me genera dudas es como se inicia el mercado regulado del que hablas, porque es fácil etiquetar una botella de vino con su lugar de procedencia, tipo de uva, añada… pero como se etiqueta un objeto arqueológico:
    Lugar de procedencia: Foro romano
    Hora de adquisición: 3:15 a.m. (con luna nueva por supuesto)
    Grado de dificultad de adquisición: elevado
    Esto lo digo en broma, pero lo cierto es que tu propuesta me genera incertidumbres porque si bajo la premisa de: como de todas formas se va a hacer y no se puede impedir porque ya está demostrado, lo mejor entonces es regularlo, la duda es que pasa con otros mercados como las drogas, las armas, las personas…

    • ¿Cuál es la razón para no regular el mercado de armas o de drogas? En realidad, de hacerse, se acabaría con el mercado paralelo actual, en el caso de esos dos productos, de los mercados que mueven más dinero pero que, además, generan más conflictos. En el caso del mercado de personas, no se puede aceptar. Nadie debería poder comerciar con la libertad de otro. A partir de ahí, ¿cómo etiquetar una antigüedad? Tal como hace ya el mercado: vasija sigilata del Bajo Imperio Romano encontrada en Castro Ventosa, León, o corona votiva hispanogoda, hallada en Macintos, Palencia.

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