El valor de una firma

por Pablo Díaz Donoso

Hallada la firma del arquitecto Palacios en las cocheras de Cuatro Caminos.

Así rezaba el titular con el que El País encabezaba la noticia del 12 de diciembre de 2016.

El lío estaba servido.

Firma de Antonio Palacios. Foto: El País


Firma de Antonio Palacios. Foto: El País

El objeto de la polémica son una serie de edificaciones de carácter industrial que constituían las antiguas cocheras y talleres del Metro de Madrid.

Encalladas hoy en pleno corazón de la ciudad, su preciada ubicación ha sido y es objeto de deseo de empresarios del sector inmobiliario. De ahí que la inmobiliaria Ibosa lo adquiriera por 88 millones de euros en 2014, con el objeto de levantar 443 viviendas. El proyecto, bastante ambicioso, contemplaba dejar en pie las cocheras, pero no había habido acuerdo entre promotores y Ayuntamiento sobre si enterrarlas o no era compatible con la normativa urbanística.

Conocedores de la operación, colectivos vecinales, y asociaciones, como la asociación en defensa del patrimonio Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, han venido desde un tiempo a esta parte movilizándose para evitar que dichas cocheras, “patrimonio cultural de la ciudad”, y con un siglo de historia, sean protegidas.

Para la asociación este edificio es patrimonio industrial, y merece ser recuperado y preservado por tratarse de un condensador de la historia del Metro y del transporte urbano en España. Una obra única, comentan. El edificio protegido por el ayuntamiento tendría un uso cultural para toda la ciudad.

Pero la Dirección General de Patrimonio había considerado que no concurrían circunstancias suficientes para declarar Bien de Interés Cultural las cocheras. Incluso el tema trascendió al pleno en el Ayuntamiento.

La aparición de la firma del arquitecto Antonio Palacios en la parte inferior del plano “Planta del solar de los Talleres”, fechado a 31 de enero de 1920, junto a las firmas del equipo de ingenieros que lo acompañaba en la obra, ha dado un giro inesperado a la situación del edificio.

Reconocido arquitecto y urbanista, dejó importantes edificios en la ciudad de Madrid, como el Palacio de Comunicaciones o el Círculo de Bellas Artes, y es bien sabido que participó en las primeras líneas y estaciones del metro de la ciudad.

La bronca sigue, con la Comunidad de Madrid, Ayuntamiento, cooperativistas impulsores de la operación inmobiliaria y defensores del patrimonio cultural enfrentados.

El último en sumarse a la fiesta ha sido el concejal del Partido Popular Pedro Corral, que ha recuperado un artículo del diario ABC que demuestra que la compañía urbanizadora metropolitana planeó vender los terrenos de las cocheras para construir un edificio de 10 pisos en 1920, y que el plano que firma Palacios está fechado nueve días después de la subasta de los terrenos.

Y así, los legítimos propietarios de los terrenos, observan un debate que, más que centrarse en el valor de la edificación y su conveniencia o no de ser conservado e incluso reutilizado, se ha convertido en un concurso por ver quién consigue reunir más pruebas que acrediten que el edificio pertenece al selecto club de “los protegidos”.

Hasta el momento el tira y afloja estaba más o menos empatado, y parece que la firma puede ser un hecho determinante para desnivelar la balanza.

En este momento cabe preguntarse qué entendemos por patrimonio, qué buscamos al introducir un bien inmueble dentro del patrimonio, y a quién interesa realmente el hecho de que un bien sea declarado patrimonio y protegido.

También cabe preguntarse qué requisitos debe reunir un bien para ser declarado patrimonio. ¿Es su valor, su singularidad, o simplemente el hecho de haber sido diseñado, en todo o en parte, por un arquitecto reconocido y no por otros arquitectos o ingenieros de su época?

A menudo camino por ciudades que han emprendido un camino hacia la conservación que pasa por zombificar los inmuebles para convertirlos en contenedores de actividades creadas a martillazos para dotar de algún contenido dichos contenedores.

En una ocasión, encontré un cartel que decía: edificio rehabilitado con fondos europeos. Se abrirá cuando el ayuntamiento encuentre contenido con qué dotarlo.

En el caso de las cocheras de Cuatro Caminos, debemos plantearnos qué modelo de ciudad queremos, si la ciudad que da respuesta a las necesidades de millones de personas que interactúan y cooperan entre ellas y generan los espacios que dicha cooperación demanda, o en cambio queremos la ciudad que unos pocos “ilustrados” han entendido que debe ser el marco donde la totalidad de la población desempeñe sus proyectos vitales.

El debate, parece, va para largo.

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