Consumir cultura (2 de 2)

Decía también Juan José Millás que la cultura no es un consumo, sino una forma de vida. Pero como todas las formas de vida, además de ser exclusivas de cada cual, pueden necesitar adaptaciones y cambios según las circunstancias. Hoy puedo necesitar leer a Tolstoi y mañana quizás me resulte más placentero quemar sus libros (como hacía el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán).

 Manuel Vázquez Montalbán Foto: Daniel Vázquez Sallés / El Mundo


Manuel Vázquez Montalbán
Foto: Daniel Vázquez Sallés / El Mundo

En ningún caso, ser más culto me garantiza ser más feliz, aunque pueda existir una relación entre un aumento del mercado cultural con un mejor nivel de vida. Pero una relación contraria a la esperada. No vivimos mejor porque le dedicamos más tiempo al arte y al espectáculo. Sino que cuando vivimos mejor (por mejorar nuestras condiciones económicas) es cuando podemos dedicarle más tiempo al arte y al espectáculo.

Que el mercado de arte español se hunda en este momento según el informe de octubre de la revista Artprice.com no es el resultado de una política fiscal abusiva (que posiblemente sí es abusiva con un 21% de IVA), sino del recorte generalizado de los ingresos de los ciudadanos fruto de la bancarrota del mercado inmobiliario creado por esos mismos ciudadanos (como promotores o como compradores).

Es posible que alguna mejora como una buena ley de mecenazgo (una forma de dedicar los impuestos que he de pagar en lo que realmente quiero invertir) pueda hacer más llevadera la crisis, pero no evitará el colapso del coleccionismo, algo habitual en un país de economía menguante (y que favorece a los coleccionistas de economías en crecimiento).

Ese colapso del mercado del arte está provocando que los propios artistas cambian su plan de vida, dedicándose a vender su obra fuera de España o, incluso, emigrando ellos mismos.

El hecho de que los artistas (contemporáneos o antiguos) vivan de lo que venden es una clara prueba de que la cultura sí tiene un precio, no puede ser gratuita. O como dice Pierre Lescure, fundador de Canal +, “un trabajador es un creador que efectúa actos únicos que hay que retribuir para que la cultura exista”.

Es más, no sólo hemos de ofrecer algo a cambio de ese producto cultural, sino que es posible que el beneficio económico obtenido pueda ser mayor del esperado, sin que ese plus crematístico disminuya un ápice los otros valores (estéticos, intelectuales, históricos, reivindicativos y placenteros) que pueda tener la obra de arte o el espectáculo.

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