La Gran Historia

En el Mañana nunca muere (Tomorrow never dies), James Bond tiene que acudir al mar de la China Meridional para, en compañía de una agente secreta china, Wai Lin, evitar el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, motivado por las ansias de poder y publicidad del empresario de la comunicación Elliot Carver.

El argumento de la película muestra dos principios muy habituales en muchos estudios históricos. El primero, que la acción de los hombres, de toda la humanidad, depende de unos pocos individuos. La masa es mera espectadora, cuando no una marioneta manejable por esos pocos. Llámese Julio César, Napoleón o la CIA.

El segundo, el protagonismo que adquiere un determinado lugar en un momento dado, ese sitio en el que nunca reparamos y que un día parece el centro del mundo: en este caso, el mar de la China Meridional. Pero podía ser Waterloo en 1815 o Cuba durante la crisis de los misiles de 1962.

Esto es lo que de forma, entre coloquial e irónica, Fernand Braudel llamaba la Gran historia.

 Tomorrow Never Dies Imagen: United Artists


Tomorrow Never Dies
Imagen: United Artists

Estamos habituados a esa Gran historia. En los manuales de texto donde todos aprendimos nuestros conocimientos rudimentarios del pasado, allá en la Primaria, se nos daba una larga lista de fechas y lugares. En 1492, Cristóbal Colón descubrió América. Y surge el debate. Colón no descubrió nada porque América estaba muy poblada de gentes que no necesitaban ser descubiertos para saber que existían.

De acuerdo. Entonces Colón puso en contacto América con el Viejo Mundo. Tampoco, antes que él ya pusieron su pie en América vikingos y chinos.

En realidad, este es el tipo de debate de la Gran historia. Nos preocupamos por resolver la anécdota de quién hizo algo muy singular en un sitio exótico. Pero la historia, la que no tiene el Gran por delante, no funciona así.

Que Colón llegara a América supuso el inicio de una larga y controvertida relación entre América y Europa. Pero, primero, para que Colón llegara, durante un largo siglo los marinos europeos desarrollaron los mecanismos de navegación que les permitieron enfrentarse al océano. Y no sólo es la acción de Enrique de Avis, infante de Portugal. Fueron cientos de marineros, en el Mediterráneo, en el viaje desde el Cantábrico al canal de la Mancha, en el Báltico, los que ayudaron a las mejoras.

En segundo lugar, que Colón llegase a América podía haber sido tan anecdótico como la arribada de los vikingos o los chinos. La importancia de Colón es que, después de él, muchos miles de europeos se atrevieron a cruzar el Atlántico.

Por supuesto que Colón tuvo mérito. Su empecinamiento para sacar adelante su proyecto, su capacidad para reunir a un grupo de experimentados marinos, pero también su poco ojo para darse cuenta que había llegada a un mundo nuevo, o la pésima gestión de los territorios descubiertos.

Pero sólo Cristóbal Colón no hizo la historia. Sí la Gran historia, la que utilizamos para juegos como Trivial o Preguntados. La que sirve para tertulias de sobremesa sobre personajes famosos. La que alimenta, en definitiva, los guiones de Hollywood. Pero la historia real es la suma de las acciones de cada uno de los individuos, como personas, no como masa, que formaron la humanidad.

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