La reversibilidad de la historia

Karl Marx pensó haber demostrado científicamente que el fin de las sociedades humanas era llegar al modo de producción comunista, donde todos los individuos serían felices (cierto es que tras eliminar a los capitalistas). Esa aspiración a la felicidad total y de todos, no es exclusiva del marxismo. De igual forma, el cristianismo (en todas sus variantes) o el Islam (también en todas sus variantes) anuncian la felicidad eterna en el futuro (salvo para los pecadores y los infieles).

Hay otras religiones menos obsesionadas por un fin único. En el hinduismo, aunque la máxima aspiración es regresar al Brahman, lo divino, los seres humanos, confundidos, tienden a reencarnarse una y otra vez (samsara), condicionados por la vida que han llevado a cabo.

 Mujer yemení en Shibam Foto: Jean Robert


Mujer yemení en Shibam
Foto: Jean Robert

Pero en cualquier caso, las condiciones son muy similares. Por mucho empeño que ponga el hombre en cambiarlo, para estas fes dogmáticas, el futuro está escrito. Es cierto que el reino del Mal lleva imponiéndose varios siglos. Para San Agustín ya era inmediato allá por el siglo V y hubo quien lo vio cerca al terminar el Baktun 13 maya en el 2012.

Afortunadamente, la mayor parte de la humanidad se preocupa más por mirar hacia el futuro, que hacia el final.

Vienen todas estas reflexiones al hilo del curso que he arrancado con mis estudiantes de diferentes maestrías de Ciencias Sociales. Nos hemos puesto como meta para el semestre leer pormenorizadamente y debatir, mucho, el texto de Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en los tiempos de Felipe II. He citado este libro ya en entradas anteriores. En esencia, porque es un ensayo que todo aquel que aspira a hacer historia (o arqueología, o geografía, o sociología, o antropología o la logía que más le guste referida al pasado) debería conocer a fondo.

Incluso, y aún más, para aquellos que no tengan ningún interés ni en el Mediterráneo, ni en Felipe II, porque muchas veces es cuando salimos de nuestro entorno inmediato que nos damos cuenta que nuestros particulares son, en realidad, bastante genéricos.

En nuestra primera lectura compartida sobre Braudel, dedicada, como parece lógico, al primer capítulo del libro, nos dábamos cuenta de un principio metodológico que Braudel estableció como criterio absoluto a seguir: en historia, todo es reversible. No hay una solución única, una dirección inevitable a las que los seres humanos estamos abocados.

Braudel traía a colación varios ejemplos. Uno habitual, que yo mismo conocí en mis trabajos en el Yemen, es el de los pueblos nómadas, sedentarizados, que, con el tiempo, volvían al nomadismo. En el Yemen, el empeño de las autoridades del Yemen del Sur, cuando éste fue un país socialista, por asentar claramente a sus habitantes, provocó que los grupos que practicaban cierta trashumancia (se desplazan los pastores, no toda la familia), optaran por regresar al nomadismo total, en el que se mueven las familias enteras, ajuares y ganado. Estamos hablando de la segunda mitad del siglo XX.

Pero Braudel también habla de las conquistas de la llanura. Cada vez que los montañeses bajaban a desecar las llanuras, habían de combatir, sobre todo, con la malaria presente en las aguas no drenadas de esas llanuras. Pareciera que una vez desecado el terreno, éste quedará ya para siempre en manos de la agricultura. Pero, recordemos, no hay una dirección única. En la campiña romana, a partir del siglo V, el suelo de cultivo volvió a ser ocupado por marismas que no lograron desecarse hasta el siglo VII, para perderse de nuevo en el siglo XI y volver a recuperarlas en el XIV.

Posiblemente, para los habitantes de esa campiña, en los tiempos del Imperio Romano, estaban seguros de que su tierra sería fértil por la eternidad, confundidos por la anécdota del momento que vivían.

No podemos acusarlos de ingenuidad. Primero, porque no tenemos más momento que el que vivimos. Lo que ocurra dentro de cien años, ya no nos va a concernir. Segundo, porque nosotros mismos, en ocasiones, tomamos esa actitud: pensamos que hay problemas irreversibles. Que habrá países que siempre serán subdesarrollados o que la llegada al poder de un determinado dirigente arruinará hasta el fin de los tiempos al estado que gobierna. Pero es el problema de pensar que son las anécdotas, las que hacen la historia, y no la acción constante de mucha gente, no como masa, sino suma de individualidades.

La actividad personal de cada uno y de todos los individuos, repetida incesantemente, construyó la historia. Los cientos de montañeses que bajaban una y otra vez a desecar las marismas. O los cientos de trashumantes que un día preferían quedarse en la ciudad. Cada cual con sus vivencias, con sus experiencias, con sus avatares.

Sentada esta base metodológica, no hay un futuro escrito, que se vaya a repetir sin remedio o que esté abocado a un sólo fin. La acción de los hombres genera cambios, su inacción provoca marchas atrás. Al final es la voluntad de los hombres, y no un ciego determinismo, la que decide hacia donde avanza o retrocede la historia de esos hombres.

2 thoughts on “La reversibilidad de la historia

  1. El fondo del artículo me recordó mucho las lecturas de Rondo Cameron sobre la acción económicas y las decisiones individuales en las sociedades principalmente euroasiáticas. Ya descargue el libro. Sera interesante leerlo. Gracias por el aporte.

  2. Realmente creo que lo de mirar al futuro es en verdad necesario para que las personas sigan adelante. Quiero decir que todo el mundo debe esperar algo en su vida para que esta tenga sentido. Por ello tener pistas sobre el futuro ayuda mucho a tener una vida plena.

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