Patrimonio en peligro

Con regularidad, los medios de comunicación alertan sobre el peligro de que un bien declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO corre el riesgo de perder tan distinguido galardón.

Esta vez, es la ciudad de la Antigua Guatemala la que se halla, según el diario guatemalteco Prensa Libre, en esa situación.

Curiosamente, la UNESCO publica con regularidad la lista de sitios amenazados y que, de no ser garantizada su conservación, perderán no sólo el título, sino su propia existencia y la Antigua no está incluida.

 Plaza Mayor de la Antigua Guatemala Imagen: Granger Collection (1856)


Plaza Mayor de la Antigua Guatemala
Imagen: Granger Collection (1856)

El juego de la prensa, y de algunas instituciones públicas y privadas, es muy singular. El título de Patrimonio de la Humanidad suele ser fagocitado por las autoridades locales. No se trata de preservar el bien para que la humanidad lo disfrute, sino que la humanidad, servilmente, ha de rendir culto a esos privilegiados que viven en el centro de Puebla, en Bamberg o en el casco histórico de Alcalá de Henares. El anterior alcalde de Toledo, en España, José Manuel Molina García, llegó a declarar por la radio, ante la presión surgida por los conservacionistas por un plan inmobiliario en la vega del Tajo, que era la UNESCO la que tenía que estar orgullosa de tener a Toledo en su lista y no al revés.

Pero, ojo, de repente esa condición privilegiada se puede perder y llegan entonces la voz de alarma: demasiadas tejas negras, donde debían ser rojas. Hay que ser cuidadosos o volveremos a ser ciudadanos de segunda.

Es bien sabido que esta idea del patrimonio de la Humanidad surge del proyecto de salvar los templos de Abu Simbel en Egipto, que iban a ser anegados tras la construcción de la presa de Asuán. Una buena cantidad de gobiernos del mundo decidieron colaborar con el de Egipto, bajo la batuta de la UNESCO, para reemplazar Abu Simbel en nueva ubicación. Fue la primera vez que tantos países diferentes se organizaban en una actividad común. Salió bien y se consideró que:

-merecía la pena que todos colaborásemos en la salvación de lo más distinguido del planeta (aunque más de un integrista estaría en contra de haber salvado un espacio de un religión pagana e idólatra).

-era el momento de seleccionar que era lo más distinguido.

Y lo que había de ser un programa de preservación de un gusto común, se convirtió en una carrera por ver quién tenía más medallas que colgarse en el pecho patrimonial.

Es cierto que los procesos de calificación para ser nombrados patrimonio de la humanidad suelen ser bastante beneficiosos para el sitio. Yo seguí dos de esos procesos.

En el caso de Úbeda y Baeza (en Jaén, España), que duró bastantes años, la mayoría de las instituciones públicas y privadas de esas dos ciudades lograron alcanzar una serie de acuerdos para mejorar sus urbes: desde la promoción para viajeros (señalización, atención al público, dotación de espacios de recreo) a la limpieza de los sitios, todo mejoró con vistas a ser nombrados. Obviamente, el objetivo se habría alcanzado si se lograba aumentar el número de turistas. Porque, al final, el negocio del Patrimonio de la Humanidad es indudable: que venga mucha gente a vernos. También habrá quién hable de la preservación del alma vernácula. Pero para eso, lo mejor sería no tocar nada, evitar que la gente llegue y congelarles como a Walt Disney en su sepulcro. Afortunadamente, la gente de estas ciudades está viva y no se deja momificar, de modo que la atracción turística sigue prevaleciendo.

Decía que conocía dos casos. El segundo fue la Zona Arqueológica de las Médulas, en León, también en España, donde todas las autoridades regionales y nacionales pusieron su mejor empeño en sacar el proyecto adelante, salvo el alcalde de las Médulas, que veía en peligro una explotación minera de su propiedad que había de caer dentro de la zona protegida. Aquí estaba claro que se enfrentaba el quehacer diario de los lugareños contra el gusto estético de los foráneos. Al final, las Médulas se declararon patrimonio de la humanidad y no sé qué ocurriría con la cantera de pizarra del alcalde, pues hace casi quince años que no he regresado por allí (aunque los carteles que diseñamos el equipo en el que trabajé siguen en pie, según las fotos de los turistas).

Es cierto que la Antigua Guatemala tiene problemas, propios de cualquier ciudad viva: tráfico, contaminación, distribución de aguas, alcantarillado. Y se suman los propios de su situación patrimonial: conservación de monumentos, gestión del turismo.

Pero esos problemas no se pueden reducir a que la UNESCO nos va a quitar el caramelo de ser Patrimonio de la Humanidad, porque si lo hiciera, sería la señal de que los antigüeños optaron por una forma de vida que descartaba la ciudad histórica. Es decir, que no habrían entendido esa ciudad histórica y la forma de asegurar esa comprensión no pasa por el anuncio repetido, una y otra vez, de que viene el coco de la UNESCO.

Por cierto, en la actualidad hay 1007 sitios Patrimonio de la Humanidad. Serían 1009 de no ser por dos que sí perdieron la categoría: el santuario del Onyx en Omán, tras la reducción del parque protegido en un 90%; y el paisaje del valle del Elba, en el entorno de Dresde, en Alemania, por la construcción de un puente para la ciudad, apoyado mayoritariamente por sus habitantes. Lo curioso es que perdida la condición, los onyx siguen en su parque natural (ahora menguado) y los amantes de los paseos campestres pueden seguir recorriendo las orillas del Elba, a pesar de no contar con la bendición suprema de la UNESCO.

1 thought on “Patrimonio en peligro

  1. El valor otorgado a un monumento o sitio de interes historico estara en funcion a cuanto lo valoran los propietarios (nativos y foráneos por igual). Lo triste del caso guatemalteco es que generalmente son los segundos quienes tienen la formación académica necesaria para darle sentido a las sutilezas que engloban la conservación. Los primeros (exceptuando casos muy puntuales y aislados) generalmente se ciñen a la típica mentalidad utilitarista, que a su vez se promueve por la misma legislación que intenta proteger los lugares.También otro factor negativos es la falta de interés derivado del desconocimiento cultural del guatemalteco.

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