Por qué Pedro de Alvarado no era mi abuelo

Hace unos días tuve ocasión de compartir mesa, en un restaurante de la Antigua Guatemala, con el profesor Miguel-Anxo Bastos, de la Universidad de Santiago de Compostela. Nos acompañaba una colega de la Universidad Francisco Marroquín.

Al ofrecernos el camarero la carta, lo abrió por la página del Menú de los conquistadores. Nuestra compañera guatemalteca le dijo al camarero que resultaba oportuno el menú como españoles que éramos y, por tanto, descendientes de aquellos conquistadores.

El profesor Bastos, sonriendo, se puso a recordar a sus abuelos, aquellos campesinos gallegos que no habían salido nunca de su terruño.

 "Pedro de Alvarado". Detalle del cuadro de Juan José Rosales copiado por Humberto Garavito


“Pedro de Alvarado”. Detalle del cuadro de Juan José Rosales copiado por Humberto Garavito

Desde que vivo en Guatemala, situaciones como las que vivimos el profesor Bastos y yo, me son muy comunes. Esa frase de: “cuando vinieron tus antepasados, los conquistadores, a invadirnos a nosotros” me la dirigen muchas personas cuya única característica común es haber nacido recientemente en el territorio que hoy se considera la República de Guatemala.

Esas personas, con ese tipo de frases, demuestran que:

-conocen a todos mis antepasados en las últimas veinte generaciones (incluyéndome a mí mismo), con lo que saben incluso más que yo sobre mi familia. Yo llegué a conocer a una de mis bisabuelas y he oído hablar de un tatarabuelo, con lo que soy capaz de remontarme hasta cinco generaciones.

-conocen a todos sus antepasados en veinte generaciones puesto que se declaran legítimos descendientes de los conquistados. Usted, lector, ¿conoce al bisabuelo del tatarabuelo del tatarabuelo del tatarabuelo de su tatarabuelo? Porque ese pariente suyo es el que pudo vivir a comienzos del siglo XVI.

Lo complicado no sólo es que conozcan a un tipo tan alejado en el tiempo. Es que, en realidad, dado que todos tenemos, desde un punto de vista biológico, un padre y una madre, y mis progenitores, además, cada uno también tuvo un padre y una madre y así sucesivamente, ese lejano bisabuelo no es sólo uno, sino 524288 bisabuelos y bisabuelas. Pongamos que en algún momento se pudieron unir un primo y una prima que compartiesen algún ancestro común (sin ir más lejos, mis abuelos maternos eran primos en segundo grado). Vamos a reducir ese más de medio millón de antepasados a la mitad. Me quedan 262144 bisabuelos. Hoy, yo no conozco a tantos parientes míos (no tan distantes en el tiempo, sino primos, tíos y demás que estén con vida). Pero quien reclama que yo soy descendiente de Pedro de Alvarado, o de cualquier otro conquistador de Guatemala, sí controla a ese cuarto de millón de ancestros.

Pero vamos a bulto. Puesto que yo he nacido en Madrid y Alvarado y sus compañeros nacieron en algún lugar cercano o lejano a Madrid, pero dentro de lo que hoy es España, seguro que alguno de esos 262144 bisabuelos era uno de ellos (con lo que mi interlocutor no sólo conoce a toda mi familia, sino que puede asegurar sin problemas donde vivían). A comienzos del XVI, en las coronas de Castilla y Aragón, que es como se conocía políticamente a lo que ahora es España, había alrededor de 5 millones de personas. Mi cuarto de millón de antepasados representaría un 5,2 % de esa población. Eso si mis 262144 parientes nacieron todos en la península Ibérica. Porque algunos pudieron nacer fuera y en vez de ser un 5% de la población, fueran un 4% o un 3%. Pero vamos a ser optimistas. Nos quedamos con el 5%. Es decir, tengo, de partida, un 5% de posibilidades de ser descendiente de un conquistador. Por tanto, es más fácil que me toque la Lotería de Navidad de España (desde el Gordo a los reintegros), donde tengo un 15% de posibilidades, que ser hijo de conquistador. Por cierto, este año no me ha tocado nada en el Gordo.

Claro, que hay otro problema quizás más notable. La mayor parte de los conquistadores que llegaron a Guatemala o bien murieron durante lo conquista, o bien se quedaron en América, donde se reprodujeron y dejaron a sus herederos. Esto significa que para que sean mis ancestros, algún hijo, nieto o bisnieto de conquistador debería haber regresado a España para dejar su simiente allí y ser así mi antepasado. Pongamos, por caso, que un nieto de Bernal Díaz del Castillo se vuelve a la península Ibérica a comienzos del siglo XVII. Para esas fechas, yo tengo 32768 tatatatarabuelos entre 8 millones de habitantes. Con lo que el porcentaje de ser descendiente de Bernal se reduce al 0,4%.

En historia (como en el resto de las ciencias), sólo son válidos los argumentos que se pueden demostrar. Si esa demostración se basa en un 0,4% de posibilidades, eso significa que hay un 99,6% de que no sea cierto. ¿Daríamos validez a un hecho que tiene un 99,6% de posibilidades de ser falso?

En cualquier debate científico, lo pondríamos en duda. En una discusión nacionalista, un 0,4% me vale. Es lo que tiene el nacionalismo. Es irracional. Profundamente irracional.

2 thoughts on “Por qué Pedro de Alvarado no era mi abuelo

  1. Eso es lo que digo yo al decir que nací en Badajoz, donde Álvarado. En mi descargo siempre digo, que hasta donde sé, soy descendiente mayoritariamente de los que se quedaron, no de los se vinieron a las Indias Occidentales a conquistar y colonizar. Los descendientes de los conquistadores del territorio de la actual Guatemala son los guatemaltecos de todas las “etnias” y estratos sociales en mayor o menor grado que tienen varias generaciones de antepasados en el territorio.

    En cuanto a la plata y el oro “expoliado” de América, ni yo, ni mis antepasados vieron nada de él. De hecho, creo que pocos españoles lo vieron. Lo que no se quedaban los piratas y llegaba a Sevilla, iba directamente a pagar la deuda contraídas por la Corona con italianos y holandeses. De hecho, la Península sufrió una terrible inflación durante todo el imperio por el exceso de metálico traído y el Estado quebró como unas 5 veces. El imperio, en términos económicos y demográficos, fue una catástrofe para España y sobre todo para el interior, Castilla que sigue despoblada desde entonces.

  2. “Nos iremos a establecer, a radicar. Y conquistaremos a los naturales del Universo, y por tanto os digo en toda verdad que os haré señores, reyes de cuanto hay doquiera en el Mundo; y cuando seáis reyes tendréis allá innumerables, interminables, infinitos vasallos, que os pagarán tributos…” Crónica Mexicayotl.

    Este texto está grabado en la entrada de la sala azteca del Museo de Antropología de México DF.
    Lo mismo que los aztecas quisieron hacer a los demás se lo hicieron a ellos. Y esto vale para las ciudades estado maya, los sioux, el Imperio Inca, el Romano, el Mongol y por supuesto el Español, quien con la inestimable ayuda de los pueblos sometidos o vasallos de los nada pacíficos aztecas, mayas o incas hicieron exactamente lo mismo que se sigue haciendo hoy en día.

    Las verdades oficiales nacionalistas, necesarias para que buena parte de las actuales repúblicas americanas justifiquen su propia existencia han hecho discurso común contra los actuales españoles que cada vez que visitamos estos preciosos lugares se nos carga con mantras que ni siquiera nos corresponden a nosotros, sino a los que fueron a estos territorios, se quedaron y cuyos descendientes luego independizarían.

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