Renacidas ruinas

Hace unos días, tuve ocasión de visitar el sitio arqueológico maya de Copán, en Honduras.

Cerca del yacimiento arqueológico, se encuentra la ciudad de Copán Ruinas, surgida a finales del siglo XIX, como una aldea para acoger a los primeros turistas que acudían a ver el sitio maya.

La municipalidad de Copán Ruinas ha ido creciendo a lo largo de sus ya más de 120 años de existencia, convirtiéndose una ciudad coqueta, con un cierto aire colonial, que puede recordar a la Antigua Guatemala, donde la vida gira, esencialmente, en torno al turismo cultural.

 La escalinata de los jeroglíficos de Copán Foto: Mary Dodge


La escalinata de los jeroglíficos de Copán
Foto: Mary Dodge

Visité por primera vez el sitio de Copán y la ciudad de Copán Ruinas hace quince años. Ya por entonces, el aspecto entre sosegado y bohemio era el dominante, pensando, a la vez, en el viajero mochilero, pero también en el grupo familiar que busca un lugar atractivo por su historia (la de los mayas) y tranquilo por su ubicación alejada de las grandes urbes o de las vías de comunicación más transitadas.

En esos quince años, Copán Ruinas ha ido añadiendo más servicios de hostelería, restaurantes, guías, recorridos a caballo… Al mismo tiempo, ya circulan un par de revistas con las actividades culturales de la región, donde junto al gran yacimiento de Copán, se han ido añadiendo otros lugares arqueológicos menos llamativos, pero siempre interesantes. No es que esos otros lugares mayas no estuvieran hace quince años. Sencillamente, se han excavado, puestos en valor o habilitado su visita.

Si algún día mejorasen las vías de acceso a Copán, tanto desde la propia Honduras, como desde Guatemala, es probable que el número de visitantes creciera. Desconozco si los lugareños de Copán querrán ver aumentar su clientela, pero dado que la ciudad nació para acoger turistas, parece lo más probable.

Por supuesto, quizás dentro de algunos años nos preguntemos si atraer más curiosos era el mejor camino para el desarrollo de Copán o si el impacto de una cantidad excesiva de viajeros puede provocarle algún daño tanto al yacimiento arqueológico, como a la propia vida relajada de la ciudad.

Sin duda, ese el temor de muchos conservacionistas. Para este grupo de preocupados por el patrimonio, cultural o natural, la clave es que sean muy pocos los que lleguen a verlo, de modo que prime la conservación del sitio, sobre el interés de las personas por conocerlo. Aquí siempre me surge la duda de qué individuos son los que tendrían derecho a conocer en directo un bien patrimonial: ¿Los que más paguen? ¿Los que tengan estudios vinculados al sitio? ¿Los locales?

En cualquier caso, en Copán Ruinas aún no parecen estar en ese debate (afortunadamente) y miman mucho al turista. En el parque central de la ciudad, hay un museo arqueológico, con piezas que vienen de Copán, pero también de los otros yacimientos de los alrededores. Varias de las obras expuestas son bastante llamativas (frisos, enterramientos, cerámica) y aunque se echa en falta más explicaciones, como aperitivo para los que aún no han visto las ruinas, o como colofón de esa visita, está muy bien.

Pero lo más curioso es que tuve ocasión de ver el museo un domingo, a las ocho de la noche.

Son muy pocos los museos en el mundo que abran a esa hora ese día. Habiendo preguntado al personal del lugar si era el horario habitual o se trataba de alguna circunstancia especial, nos confirmaron que tenían ese horario tan amplio, de 9 de la mañana a 9 de la noche, tan acomodado a las visitas. Después de todo, la mayor parte de los turistas recorren el yacimiento arqueológico desde muy temprano por la mañana hasta primeras horas de la tarde. De modo que para el museo de la ciudad le pueden dedicar el final de la tarde.

Investigando algo, descubrí que el horario se extendió hace poco. Insisto, una idea muy buena pensando en los visitantes.

Por supuesto, habrá quien ponga el grito en el cielo pensando en las condiciones laborales del personal del museo que, por ejemplo, este domingo pasado me atendió a tan tardía hora.

Sin embargo, debo confesar que me cuesta entender los horarios de la mayor parte de los museos, con esos horarios de oficina (desde las 8 o las 9 de la mañana hasta las 4 o las 5 de la tarde). Es cierto que para los colegios, es un margen apropiado. Para los universitarios, la cosa se empieza a complicar, si la visita no la organiza la propia Universidad. Para los turistas, desde el momento que andan ociosos, les puede ir bien. Para el resto de la sociedad, es un inconveniente. Los museos abren cuando casi todo el mundo trabaja. Me dirán que para eso hay horarios de fines de semana (cuando los hay), pero me sigue quedando la duda de por qué no se ofrecen unos horarios más acordes con los posibles visitantes, si es que de verdad queremos difundir cultura.

Volviendo al caso de Copán, cuando cae la noche, fuera de ir a tomar algo a alguno de los numerosos restaurantes, ¿qué más se puede hacer en esa ciudad? Pues visitar el museo. Pensemos en otras ciudades patrimonio, que no tienen un desarrollo cultural muy activo, fuera de ese patrimonio, y el ejemplo más claro podía ser la Antigua Guatemala. Estas aperturas vespertinas serían una alternativa muy razonable.

Después de todo, la experiencia de los horarios nocturnos que, excepcionalmente, montan muchos museos del mundo ha demostrado ser muy atractiva para el público.

Sé que habrá una crítica final. Estos nocturnos de los museos se acercan mucho a los horarios de actividades como el cine o el teatro. ¿Será que estamos convirtiendo a la “alta cultura” en espectáculo?

Espero que sí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *