Si yo fuera árbitro

El abogado colombiano Aurelio Jiménez Callejas ha presentado una demanda contra la FIFA, su presidente Blatter, el presidente de la Federación colombiana de fútbol y el árbitro español Carlos Verlasco Carballo por la derrota sufrida por la selección Colombia, ante Brasil, 2-1 a favor de los brasileños, en el pasado mundial de fútbol. El letrado argumenta que el partido fue mal arbitrado y eso supuso una ventaja añadida para la selección verdeamarela que pudo, así, obtener el triunfo. Lo curioso del caso es que el abogado Jiménez reclama mil millones de euros por el daño moral infligido a 47 millones de colombianos.

Zinadine Zidane marcando el gol de la Champions de 2002 Foto: Scaryfootball

Zinadine Zidane marcando el gol de la Champions de 2002
Foto: Scaryfootball

Más allá de lo pertinente que resulte la denuncia, porque quizás sí hubo mal arbitraje y tanto el colegiado del partido, como los responsables que le seleccionaron para el encuentro, deberían rendir cuentas, lo sorprendente de la demanda de Jiménez Callejas es que se erige en portavoz de 47 millones de personas que no le han designado como tal. Es muy probable que, a la vista de la demanda, el señor Jiménez esté muy indignado, pero ¿qué le lleva a pensar que todos aquellos nacidos en la República de Colombia o nacionalizados de tal estado que siguen vivos piensan como él? En realidad, es fácil: su espíritu más patriotero que patriótico. ¿Estoy obligado a seguir la selección de Suecia si he nacido en Estocolmo? Si he nacido en Estocolmo y no sigo a la selección de Suecia, ¿tengo alguna deficiencia psíquica?, ¿soy un enemigo de la humanidad?, ¿debería pedir otro pasaporte?, ¿debería disimular mi falta de querencia y aceptar en lo que no creo? Es lo que tienen las selecciones nacionales (de fútbol o ping pong): has de mostrar tu favoritismo hacia ellas o corres el riesgo de quedar marginado, fuera del grupo. Es cierto que hay lugares como España, donde te pueden dar hasta dos posibilidades. Si, por ejemplo, has nacido en Barcelona, puedes seguir a la selección española y llorar con sus triunfos y sus fracasos. O renegar completamente de ella, demostrando que a catalanista no te gana nadie. En ningún caso vale decir que tú pasas del fútbol o que la bandera rojigualda no te provoca emoción (españolista) o urticaria (catalanista). Habrá quien me diga que estoy tratando de razonar algo que sólo se puede medir desde los sentimientos. Esa pasión por triunfar. Bueno, porque triunfen los once que corren en el campo supuestamente en tu nombre. Hay un problema, desde el punto de vista neurológico, los pensamientos y los sentimientos son fruto del mismo proceso químico en las neuronas. Somos los seres humanos los que, desde un abordaje cultural, hacemos distinción entre un pensamiento y un sentimiento. Sin ir más lejos, que muchas mujeres quisieran realizar estudios avanzados hace algunos siglos, era prueba de irracionalidad, de locura. Hoy nos parece el fruto de un acertado razonamiento. Pero lo peor del caso planteado por el abogado Jiménez Callejas, son los comentarios de los lectores. Centrándome sólo en los que aparecen en el diario deportivo español As, podemos clasificar dichos comentarios en cuatro grupos: -los que consideran que esto del mal arbitraje son cosas del fútbol, que podían arreglarse con más tecnología, pero que todavía no estamos en ello. -los que consideran que el abogado tiene razón, que el arbitraje fue pésimo y que debería haber un castigo que recordarse a los colegiados la necesidad de hacer bien las cosas. -los que piensan que el abogado es un llorica y que trata de ganar en los juzgados lo que “sus” jugadores no lograron en el terreno de juego. -y, por último, los que se enfrentan abiertamente defendiendo al árbitro español frente a la mala baba colombiana, dentro de esta óptica nacionalista que venimos analizando. Porque lo verdaderamente peligroso es que nadie se cuestiona que un señor se convierta en adalid de 47 millones de individuos, que les quite su capacidad para expresar filias y fobias, que anule su voluntad de expresarse libremente y que considere, en plan guardian de la fe iraní, que la moral de esos 47 millones de ciudadanos ha sido flagelada como si 47 millones de personas tuvieran exactamente los mismos principios morales (algo tan propio y tan íntimo). Es un reduccionismo tan salvaje que lejos de hacer un favor con su demanda a los colombianos, el abogado Jiménez los insulta o nos demuestra, si nos basamos en los comentarios, que el cáncer nacionalista está tan enquistado en nuestras sociedades que ya nos ha brutalizado a un grado sumo. Por cierto, adoro el fútbol y si contara con el genio de la lámpara maravillosa, le pediría que Zidane tuviera eternamente 30 años.

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